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Thursday, June 16, 2016

El récord del Fiat 1500 Coupé

La revista Automundo le realizó un test al Fiat 1500 Coupé, que fabricaba la empresa Fiat Argentina SA en el país, con diseño del carrocero italiano Vignale. Luego de concluida la prueba, y a continuación, realizaron un récord en el circuito de Rafaela en la provincia de Santa Fe.

Publicidad de la revista Automundo del año 1967.


De eso habla esta publicidad que salió publicada en la contratapa de una revista Automundo en el año 1967. Las dos pruebas, consecutivas, fueron realizadas sobre una unidad estándar de fábrica sin agregado alguno, salvo el cambio de neumáticos.

En una nota venidera abordaremos cómo fue ese récord de 24 horas de marcha continua del Fiat 1500 Coupé en Rafaela. El circuito donde se corrían las 500 Millas una vez al año. La iniciativa de esta prueba nació de los periodistas de la Editorial Codex que publicaba la revista semanal Automundo.

Luego de recorrido unos 9.000 kilómetros en ruta y ciudad, con las pruebas de frenado, aceleración y velocidad máxima en el autódromo de la ciudad de Buenos Aires, se realizó la prueba de 24 horas en Rafaela.

Lógicamente la empresa Fiat aprovechó esto para publicitarlo. Luego realizaría el “Desafío de los Valientes” con diferentes modelos salidos de sus plantas. Lo mismo que años más tarde haría con las pruebas de consumo de combustible viajando entre las ciudades de Buenos Aires y Mar del Plata.

Algo que luego heredó Sevel Argentina (Sociedad Europea de Vehículos para Latinoamérica) que lo repitió con el Fiat 147 y que ya vimos en una nota en Archivo de autos. Todo apuntando a demostrar, o exaltar, las bondades de un determinado modelo de la marca italiana.

Me pareció interesante recordar esta publicidad aparecida en la contratapa de la revista Automundo número 98 del 21 de marzo de 1967 y que fuera publicada luego que salieran las notas de la prueba del Fiat 1500 Coupé y el récord del circuito de Rafaela.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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Monday, June 6, 2016

Nombre de toro para un deportivo: Miura

Durante una visita a Italia del periodista Miguel Ángel Barrau, de la revista argentina Automundo, tuvo la dicha de probar un Lamborghini Miura. No cualquiera sino el único ejemplar que existía a finales del año 1966. Por lo que tuvo la suerte de manejar el prototipo que la empresa italiana, ya había presentado, y estaba realizándoles los ajustes necesarios.

Lamborghini Miura del año 1966 que probó el periodista
Miguel Ángel Barrau de la revista Automundo.


Recién en enero de 1967 se comenzaría a producir el Miura por parte de la empresa Automobili Ferruccio Lamborghini. Y lo haría en dos versiones: normal y sprint. La primera de calle y que probó Miguel Ángel Barrau en su visita a la planta de la empresa italiana.

Todo surgió de una charla con el Cavalier Lamborghini donde Barrau le planteó lo siguiente: “Señor Lamborghini, quiero pedirle una cosa. Pronto regresaré a mi país, a la Argentina. Quizá tenga una nueva oportunidad de volver a Europa. Quizás no. Dígame… Usted, que tan bien ha sabido captar un genuino interés, ¿cree posible que me resigne a dejar Italia sin haber probado el Miura?...

Al parecer las palabras del periodista argentino tocaron alguna fibra íntima del empresario automotriz italiano que le abrió la puerta a subirse a un automóvil deportivo, único en ese momento. Así fue como se lo prestaron para que lo probara en ruta y en ciudad. Barrau salió de la fábrica manejando el Lamborghini Miura.

Dos vistas del primer Lamborghini Miura de 1966.

Por supuesto con la promesa de no destruirlo en la primera curva. Además Barrau tenía experiencia en el manejo de autos deportivos. La primera impresión fue la de sentarse en el puesto de conducción de un auto de carrera. Por la posición de piernas y brazos. Todo pensado para el buen conducir.

El volante en el lugar justo, como la pedalera o la palanca de cambios siempre a mano. Claro que había que acostumbrarse al embrague. Y ser dócil con el acelerador para no dejar dos surcos, con las ruedas traseras, en el camino de ripio a la salida de fábrica Lamborghini. Esa misma que producía tractores en Italia.

En ruta se comportaba como los dioses y superar los 200 kilómetros por hora no era una tarea difícil para los 12 cilindros en V a espaldas del piloto. Tanto que al volver a la fábrica se enteró que esta versión de calle, llamada normal, podía alcanzar los 284 kilómetros por hora.

Lamborghini Miura con la trompa y la cola abiertas.

De eso se enteró al regreso Barrau de boca del ingeniero Dallara, quién fue el encargado de entregarle el Miura. Antes de salir los operarios de la Lamborghini lo pusieron a punto al deportivo con nombre de toro español. Y no se lo entregaron sin una mirada de recelo. Pero todo salió como estaba previsto.

Como dije en ruta el comportamiento del Miura era notable. Claro que las suspensiones copiaban la geografía del pavimento y la dirección directa le devolvía la sensación de la pisada en la ruta. Pero lo que le llamó la atención a Barrau fue lo silencioso del interior, pese a tener el motor en la nuca. Eso sí, el sonido de los caños de escape era música…

La sorpresa más grande se la llevó cuando llegó a la ciudad de Ferrara. Barrau creía que solo usaría primera y segunda para el circuito urbano. Pero no fue así el motor Lamborghini era tan elástico que tiraba perfectamente desde las 2.000 revoluciones por minuto para arriba.

Estructura del Lamborghini Miura sin la carrocería.
El piloto es Miguel Ángel Barrau, periodista de la revista Automundo.

No tironeaba sin ni siquiera usando la cuarta. La quinta marcha solo se reservaba para la ruta. Claro que el cruce de los árboles de levas era muy diferente en la versión sprint, destinada a los circuitos. En ese caso las cosas se ponían muy serias para un conductor normal.

Cuando pudo subirse a una de las autopistas, sin límite de velocidad máxima por aquellos años, comprobó que el Lamborghini Miura superaba con holgura los 225 kilómetros por hora. Dejó de prestar atención al velocímetro para fijar la mirada sobre el terreno que cada vez pasaba con mayor velocidad.

Fue así que se dio cuenta que a 6.000 revoluciones por minuto el velocímetro le indicaba que había superado, por poco, los 240 kilómetros por hora. Algo más que suficiente para un deportivo italiano de esa clase. En el caso de la versión sprint, y dependiendo de la relación del diferencial elegida, se podían alcanzar los 352 kilómetros por hora. Casi como volar bajito…

Ahora que tenemos un panorama de las prestaciones del Lamborghini Miura, este único ejemplar del año 1966, conozcamos sus características técnicas. Partamos de la base que todo lo sostiene. En una de las fotografía se puede apreciar al Miura desnudo de su carrocería. Interesante para tener una idea de la distribución de pesos y parte mecánicas.

Parte delantera del Lamborghini Miura. Se aprecian el
radiador acostado, debajo de la rueda de auxilio el tanque
de combustible y la suspensión delantera.

La gran mayoría de las cajoneras de chapa estaban perforadas, para alivianar el peso final, donde no se comprometía la estructura del automóvil. Tanto la parte delantera como trasera contaban con subchasis para contener los diversos órganos mecánicos.

En la parte delantera la suspensión era independiente con el tanque de combustible, la rueda de auxilio y el radiador de agua, que era enfriado por dos electro ventiladores. En la parte trasera la suspensión también independiente con el motor trasversal con la caja-diferencial.

Las suspensiones eran similares, en cuanto a estructura, para los trenes delantero y trasero. Eran de paralelogramo deformable con brazos triangulares desiguales con resortes helicoidales y amortiguadores hidráulicos, además con barra antirrolido.

El motor era de 12 cilindros en V con una cilindrada de 3.929 centímetros cúbicos con una potencia de 350 CV DIN a 7.000 revoluciones por minuto. Esto para la versión normal, la que probó Miguel Ángel Barrau. En cambio la versión sprint tenía una potencia de 430 CV DIN a 8.500 revoluciones por minuto.

El diámetro de los cilindros era de 82 milímetros y la carrera de los pistones de 62 milímetros. El motor contaba con cuatro árboles de levas a la cabeza y las válvulas estaban en un ángulo de 90º. El motor se alimentaba con cuatro carburadores de triple cuerpo de tiro descendente de la marca Weber modelo 46 IDA 3C. Dos bombas eléctricas eran las encargadas de enviar la nafta hacia los cuatro carburadores ubicados en dos hileras a ambos lados del motor V12.

Parte trasera del Lamborghini Miura. Se observan el motor y
 la caja-diferencial con sus semiejes y la suspensión trasera.

La caja de velocidades era de cinco marchas más retro marcha. Las relaciones eran las siguientes: primera, 2,56:1; segunda, 1,735:1; tercera, 1,225:1; cuarta, 1:1 y quinta, 0,815:1, que era sobre multiplicada. El embrague era triple de disco seco, con un diámetro de 185 milímetros. La relación final para la versión normal era de 4,09:1. Pero también existían dos relaciones más: 3,77:1 y 4,27:1.

Según lo que pudo testear Barrau en su prueba arriba del Miura, en primera llegaba hasta los 85 kilómetros por hora, en segunda, 130 kilómetros por hora, en tercera, 180 kilómetros por hora, en cuarta, 225 kilómetros por hora y algo más en quinta. Ese algo más eran unos 284 kilómetros por hora.

Los frenos eran a disco en las cuatro ruedas y cuando Barrau los probó por primera vez comprobó que era como tirar un ancla por la ventanilla… Eran más que suficientes para detener un automóvil que podía, en su versión normal, superar los 280 kilómetros por hora.

Algunas de las medidas del Lamborghini Miura eran: distancia entre ejes de 2.460 milímetros, trochas delantera y trasera de 1.398 milímetros. El peso era de tan solo 850 kilogramos y el motor con la transmisión pesaban 250 kilogramos. La estructura de chapa pesaba solo 70 kilogramos.

La carrocería la diseñó Bertone con una cola trunca. Tanto la trompa como la cola pivoteaban para dejar acceso a los órganos mecánicos. Hay una fotografía donde se aprecian ambas aperturas. Está demás decir que era un deportivo de dos plazas y con escaso, o nulo, espacio para equipaje. En la trompa, donde debería estar ubicado el baúl, estaban alojados el tanque de combustible, el radiador de agua de generosas dimensiones y la rueda de auxilio.

Vimos un automóvil deportivo italiano manejado por un periodista argentino que era una única pieza para finales del año 1966. Todo un anticipo de lo que sería el Lamborghini Miura en el mundo de los autos deportivos, esos que solo unos pocos pueden tener en sus casas.

Las fotografías fueron tomadas de la revista Automundo número 79 del 8 de noviembre de 1966 donde se narran las experiencias que tuvo el periodista Miguel Ángel Barrau al mando de un Lamborghini Miura en Italia.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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Sunday, April 24, 2016

Road test al Fiat 1100

Las pruebas a automóviles que realizaba la revista Parabrisas se llamaron road test y el primero que realizó, dicha publicación, fue al Fiat 1100 modelo 1960. Hoy conoceremos algunas opiniones de esa prueba y los resultados obtenidos del automóvil que fabricaba la empresa Fiat Concórd en Argentina.

Parte de la trompa del Fiat 1100 del año 1960 que fue
el primer automóvil argentino testeado por la revista
Parabrisas en su número 13 de noviembre de 1961.


La empresa italiana presentó el Fiat 1100 en el país en el año 1960 cuando, junto con el Fiat 600, comienza a fabricarlo localmente. Se produjeron 23.152 unidades, según datos de ADEFA (Asociación de Fábricas de Automotores) entre los años 1960 y 1963. Será reemplazado por un nuevo modelo: el Fiat 1500.

La versión del Fiat 1100 que se fabricó en Argentina era el modelo 103 D Export. La última de las versiones de este automóvil italiano presentado en el año 1949. Que a su vez era la evolución del modelo 1100 fabricado entre los años 1940 y 1948. Por lo tanto su diseño era algo viejo para la época, pero no por eso era un mal auto.

Se podría decir que todo lo contrario. Cumplía a la perfección para lo que había sido diseñado: un auto familiar mediano. Que apuntaba a la clase media argentina de principios de los años sesenta. Además de tener un consumo bajo y unas buenas prestaciones.

Los periodistas de Parabrisas quedaron gratamente sorprendidos de la gran capacidad del baúl del Fiat 1100. Justamente por ser un auto mediano chico con un motor de casi 1,1 litros de cilindrada. El motor era Fiat 103 D.000 de cuatro cilindros en línea con una cilindrada de 1.089 centímetros cúbicos con una potencia de 48 HP SAE a 4.800 revoluciones por minuto.

Fiat 1100 de 1960 en el road test de Parabrisas. 

El motor necesitaba tomar temperatura antes de poner en marcha el automóvil. Para el arranque en frío tenía un cebador y además en el tablero contaba con un acelerador de mano. Este acelerador solamente se podía accionar hasta cierto punto, cosa que impedía acelerar a fondo el motor. Esto era para evitar esta acción al no tener retroceso automático como el acelerador de pie.

Una vez entibiado el motor la marcha era ágil en el tránsito urbano gracias a la liviandad de los pedales de freno y embrague. El acelerador también tenía un accionamiento suave. Solo al apretar a fondo el acelerador el pie quedaba en un ángulo incómodo. En una velocidad normal, y legal, el ángulo de ataque era cómodo al pie.

El Fiat 1100 tenía la palanca de cambios al volante lo que permitía, en recorridos cortos, llevar una tercera persona en el asiento delantero. Los cambios eran suaves de accionar gracias a un buen desempeño del varillaje. Solo una cosa notaron los testers de Parabrisas. Y era que para colocar la segunda velocidad había que tirar un poco la palanca hacia el conductor. De otra manera se colocaba en forma accidental la cuarta velocidad.

En cuarta y circulando a 25 kilómetros por hora se podía fondear el acelerador que el Fiat 1100 respondía perfectamente. Salía suavemente y sin ningún inconveniente, eso sí, usando nafta especial. La relación de compresión era de 7:1.

Pruebas de frenado del Fiat 1100 en el autódromo de Buenos Aires. 

En cuanto al consumo, dentro de la ciudad de Buenos Aires, arrojó que con un litro de combustible se podían recorrer 9,3 kilómetros. Con lo cual se podía hacer un poco más de 200 kilómetros con 20 litros en una ciudad. En cambio a 80 kilómetros por hora en ruta el consumo era de 12,7 litros por kilómetro. Con lo cual se podían recorrer 254 kilómetros con 20 litros.

Con los 38 litros del tanque de combustible, y circulando a 80 kilómetros por hora, se podía llegar a la ciudad balnearia de Mar del Plata desde Buenos Aires (un poco más de 400 kilómetros de distancia). Lo cual era más que suficiente para el argentino medio de aquellos años sesenta. Al circular por encima de los 100 kilómetros por hora se podían recorrer 220 kilómetros con 20 litros de combustible.

La velocidad máxima obtenida como promedio de recorridas en sentido opuestos, del primer road test de la revista Parabrisas, fue de 122,400 kilómetros por hora. La aceleración de 0 a 500 metros fue de 28 segundos y dos décimas.

Los frenos fueron una de las partes mecánicas más elogiadas por los periodistas de Parabrisas. Se necesitaban de 8,7 metros para detenerlo de 40 a 0 kilómetros por hora. De 80 a 0 kilómetros por hora se necesitaban de 35 metros y de 100 a 0 kilómetros por hora el Fiat 1100 detenía su marcha en 55 metros.

Vista del tablero del Fiat 1100 de 1960.

Tan buenos eran los frenos del Fiat 1100 que luego de hacer las pruebas de frenado en el autódromo de la ciudad de Buenos Aires, Juan Andreazza, piloto oficial de Fiat Concórd, les dijo a los periodistas de Parabrisas: “Vea, toquen las campanas… están frías…”. Y así era. Los frenos no perdían ni potencia, ni eficacia, además de ser progresivos.

En ruta se podía crucerear entre los 80 y 100 kilómetros por hora sin problemas con el Fiat 1100. La estabilidad era buena y los virajes se podían tomar sin problemas para el conductor medio. En las curvas tomadas a mucha velocidad había tendencia al sobre viraje. Con la presión de los neumáticos indicada de fábrica doblaba bien.

Esa presión era de 22 libras por pulgada cuadrada para los neumáticos delanteros y de 25 libras por pulgada cuadrada para los traseros. El diámetro de giro de la dirección acusó de 10,58 metros para la izquierda y de 10,61 metros para la derecha. El volante tenía dos rayos con el botón de la bocina en el centro. Este volante era muy parecido al del Fiat 600 también fabricado por Fiat Concórd.

A las conclusiones que llegaron los periodistas de la revista Parabrisas fueron que el Fiat 1100 era un buen automóvil para circular por el tránsito de la ciudad de Buenos Aires. Por tener los controles livianos y precisos por tener excelentes frenos y aceleración adecuada a las circunstancias. Además de ser fácil de estacionar en cualquier parte de la ciudad.

La contra sería, que por tener un diseño viejo, la visibilidad trasera no era buena, menos por el tipo de espejo retrovisor interno. Pero ese diseño antiguo le jugaba a favor en las plazas traseras que era más altas que los automóviles más modernos de la época.

También el viejo diseño de apertura de puerta contra el viento, o puertas suicidas, le permitía un mejor ingreso y egreso del habitáculo del Fiat 1100. Lo viejo le jugaba a favor de las nuevas tendencias en diseño y seguridad que venían marchando en los primeros años de la década del sesenta.

Las fotografías fueron tomadas de la revista Parabrisas número 13 de noviembre de 1961 y donde se publicó el primer road test que hicieron los periodistas de la mencionada publicación argentina.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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Saturday, April 23, 2016

El auto de carrera de Castano

César Castano llegó a la Argentina de su Italia natal en el año 1912 contando con 19 años. Había nacido el 30 de agosto de 1893 en la ciudad italiana de Milán. Durante dos años trabajó para construir su automóvil de carrera para competir en el país que presentó en sociedad en el año 1923.

El auto de carrera de César Castano del año 1923.
La fotografía fue tomada de la Historia Deportiva del
Automovilismo Argentino de Alfredo Parga.


El automóvil de Castano, que pasó a llamarse con el apellido de su creador, llevaba un motor SPA (Società Ligure Piemontese Automobili) de avión de cuatro tiempos y 6 cilindros en línea que otorgaba una potencia de 210 a 220 HP.

El encendido del motor estaba a cargo de dos magnetos Marelli y era un carburador de la marca Zenith el encargado de la alimentación de combustible. El chasis era doble muy bajo con refuerzos en la parte delantera.

El tablero contaba con un acelerador de mano, una bomba para el tanque de combustible, el accionamiento de las válvulas de descarga y un recipiente pequeño con mezcla para los arranques en frío.

El motor giraba a unas 2.000 revoluciones por minuto y según César Castano podía alcanzar los 170 kilómetros por hora en el año 1923. Fue presentado en el 6º Salón del Automóvil de Buenos Aires y luego expuesto en el taller que Castano tenía en la calle Canning en el porteño barrio de Palermo.

En la presentación del Castano causó muy buena impresión. Lo que llamó mucho la atención era el largo total del auto de carrera que era de 5.800 milímetros. También el largo del capot produjo las miradas del público: 2.100 milímetros. Y la larga cola despertó el interés de la gente.

En el año 1925 la empresa automotriz turinesa Fiat envió a su piloto de carrera oficial, Pietro Bordino, para realizar demostraciones en América del Sur con una unidad Grand Prix de 2 litros de cilindrada.

Pietro Bordino piloto italiano de la empresa Fiat.
La fotografía fue tomada de Enciclopedia Salvat del Automóvil.

Estando en el país vecino de Brasil en una prueba de kilómetro lanzado el Fiat al mando de Bordino alcanzó los 191,280 kilómetros por hora y causó asombro entre los espectadores. Llegado a Argentina se quiso repetir la prueba en la calle Blandengues de la ciudad de Buenos Aires. Pero las malas condiciones de la calle hicieron cambiar de escenario.

Así la pista para la prueba que se eligió fue la recta que unía las localidades de Morón y Bella Vista en lo que ahora es el Gran Buenos Aires en los alrededores de la ciudad de Buenos Aires.  La salida del Fiat de Bordino se dio desde el almacén de Cagnone. En la primera pasada el piloto italiano alcanzó los 192 kilómetros por hora.

Alguien entre el público dijo que el Castano podía correr igual o mucho más. Y como pasa con estas cosas el dicho comenzó su derrotero. Pero la empresa Fiat no aceptó la invitación para realizar la prueba entre los autos de carrera. Hay que aclarar que por aquellos años era una cosa habitual esas carreras de dos autos.

Ya sea para batir un récord de velocidad o solo por una apuesta o un desafío planteado entre dos pilotos. Se podrían comparar con los duelos a pistola o espada que estuvieron vigentes hasta entrado el siglo XX y luego prohibidos. Eran duelos automovilísticos que podían congregar muchos espectadores y eso que no existían las redes sociales…

Pero no fue el caso y César Castano decidió llevar su auto de carrera al mismo escenario para correr solo. Pero para esa época el motor era de la marca Caproni con 250 HP de potencia y 16 litros de cilindrada. Las propias palabras de Castano nos cuentan que usaron un diferencial 1 a 1 y que el auto podía alcanzar los 180 kilómetros por hora.

Castano cuenta lo siguiente: “El piso no estaba tan bien como cuando los usó el italiano. Cuando él caminó allí, se habían tapado hasta los pozos más chicos. Cuando fuimos nosotros, estaba todo roto. Salimos a probar primero para un lado, después para el otro”.

En ese momento de la prueba y cuando el auto de Castano había alcanzado más de mil revoluciones por minuto en directa el piloto local descubrió que no tenía frenos. “Afortunadamente lo pude detener en medio del campo, sin pisar a nadie. Allí terminó nuestro desafío”, contó César Castano a los periodistas de la revista El Gráfico el 8 de enero de 1964.

También les contó: “Cuando yo sentía nostalgia de aquel fierro, entraba al garaje y lo ponía en marcha. Bramaba tan sano como el primer día”, recordaba César Castano. Con el correr de los años crearía su propia empresa automotriz para fabricar el Castanito, una pequeña camioneta a mediados de la década del cuarenta.

Las fotografías fueron tomadas de la Historia Deportiva del Automovilismo Argentino de Alfredo Parga y publicada por el diario La Nación en el año 1994 en Buenos Aires, Argentina, para el auto de carrera de Castano y de la Enciclopedia Salvat del Automóvil del año 1974 para la imagen de Pietro Bordino.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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