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Monday, September 5, 2016

Los Cardales 2015

El martes 1 de septiembre de 2015 publiqué una crónica con lo sucedido en la 3ª edición de Autos Clásicos Cardales. Les dejo esta otra crónica como complemento de lo vivido el domingo pasado en Los Cardales. El enlace de la nota es este:



Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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Saturday, July 23, 2016

El Bondi, el colectivo porteño

La primavera de 1928 vio nacer un medio de transporte, en la ciudad de Buenos Aires, que haría historia y pasaría a ser una identificación más de la ciudad capital de Argentina. El colectivo, autobús urbano, fue ese protagonista porteño que sería considerado como un invento argentino, por su originalidad, pero que no es así. Lo que lo distingue de sus congéneres extranjeros es la cantidad de líneas y los recorridos que surcan la ciudad de Buenos Aires.


La carrera del Bambi

Hubo, hace mucho tiempo, una carrera en la que participó un Bambi. Para ubicarnos en espacio y tiempo tendremos que volver a los primeros años de la década del ’60. El lugar fue en los bosques de Palermo en la ciudad de Buenos Aires. Ahora ubicados en el lugar y en la época podremos recorrer el camino del Bambi.


Saturday, July 16, 2016

La Ruta 11

Hace muchos años la ruta provincial 11, que nos llevaba a la Costa Atlántica, era de tierra, en realidad era una ruta consolidada con conchilla que extraían de la bahía de Samboronbón.



Thursday, July 7, 2016

Desfile de colectivos antiguos

Mañana, viernes 8 de julio, dentro de los festejos por el bicentenario de la independencia argentina, desfilarán 25 colectivos antiguos en el Metrobús 9 de Julio, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Esto será desde la Avenida Juan de Garay hasta la calle Arenales. Los colectivos antiguos estarán enfilados desde las 13:30 horas.



Esperarán la orden de las autoridades del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para iniciar la marcha. Los colectivos una vez que lleguen a la calle Arenales retornarán hasta la Plaza Libertad ubicada en Cerrito y Marcelo T. de Alvear.

Allí los 25 colectivos desde el año 1925 a 1988 estarán expuestos hasta las 18:30 horas. También habrá fileteadores y expositores relacionados con el mundo del colectivo. Luego partirán en caravana hacia la Estación de Constitución. Harán una parada frente al Teatro Colón donde se desarrollará una Gala Histórica.

Luego seguirán, siempre por el Metrobús 9 de Julio, hasta la intersección de la Avenida San Juan y la calle Bernardo de Irigoyen donde se sumarán más colectivos antiguos. La caravana seguirá por las Avenidas San Juan, Paseo Colón, Leandro N. Alem, del Libertador, Figueroa Alcorta, Sarmiento hasta llegar al Monumento a los Españoles.

Los colectivos antiguos se estacionarán sobre la Avenida del Libertador entre las calles Sarmiento y República de la India en la cuadra del Jardín Zoológico de Buenos Aires.



Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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Saturday, June 25, 2016

“¡Un pasito al fondo!”

Aquella mañana de invierno esperaba el colectivo en la parada, como todos los días. El frío se hacía sentir a la sombra y por el chiflete que corría en la calle. Parecía que el 60 estaba más demorado que de costumbre. Seguro que vendría repleto.



Ya éramos varios los que esperábamos la llegada del 60 en aquella esquina porteña. La cola era de más de cinco personas paraditas, una detrás de la otra, frente a esa parada de madera pintada de color blanco. Algún día las modernizarán pensaba para mis adentros mientras daba pataditas sobre la vereda.

Llegó el 60 y como era de esperar repleto de pasajeros. Fuimos subiendo y cada uno pidió su boleto. “¿De cuánto?”, decía el chofer mientras miraba por el espejo al único pasajero que descendió en la parada por la puerta de atrás.

“No tengo monedas. Cuando bajas me pedís el vuelto”, le dijo a un muchacho que subió adelante mío. Por suerte esa mañana tenía el valor justo del boleto. No me cagaría con el vuelto como el otro día.

Nos fuimos apretando en el pasillo. Los vidrios estaban empañados por el calor del interior y el extremo frío de la calle. Iba a ser difícil saber por dónde estábamos. Si algún pasajero no limpiaba con la mano el vidrio me iba a pasar de parada.

En la siguiente parada era mucha más gente la que esperaba para subir. No tardó en aparecer la famosa frase: “¡Un pasito al fondo que hay lugar!”, dijo el chofer mientras miraba por el espejo de arriba de él que había un hueco en el medio del pasillo.

“¿A dónde querés que nos metamos?”, gritó un muchacho que estaba en el medio del colectivo. “Se desciende por atrás”, le respondió el chofer. Desde que pusieron los colectivos con puerta atrás la gente todavía no se acostumbró a descender por ese lado.

Algunos dicen porque el colectivo arranca antes que bajen, otros por comodidad porque se sentaron cerca de la puerta delantera. No la del lado del conductor. Esa, en el hueco, suelen ir otros choferes de la línea, amigos, o la novia del chofer. Que por supuesto viajan gratis dándole charla al chofer.

Caso omiso del cartelito que prohíbe expresamente hacerlo. Como fumar por parte del chofer o escuchar la radio. Radio que esa mañana estaba sintonizada en el “Fontana Show” a un volumen alto. Para que todos los pasajeros tuviéramos la oportunidad de oír…

En ese apretuje estábamos cuando una fragancia invadió nuestras narinas. Eso era sin dudas: un pedo. Algún hijo de puta lo había soltado en medio del hacinamiento del colectivo. Las caras de todos los pasajeros manifestaban el fétido olor.

“¡Métanle nariz que se acaba rápido!”, gritó alguien del fondo y hasta el chofer se cagó de risa por la ocurrencia. Por suerte, y pese a la prohibición, de abrir las ventanillas en época invernal, algunos pasajeros dejaron renovar el enviciado aire del colectivo.

Mientras el chofer seguía repitiendo “un pasito al fondo que hay lugar”. Y alguien del fondo que decía “¿a dónde los querés meter?”. Todo parte del folclore urbano de los colectivos que ahora tienen puerta atrás y todo.

En eso el chofer comienza a parar, donde no había parada, y se arrima a la vereda. “Voy a parar a cargar gasoil”, dice mientras detenía el colectivo. Efectivamente se apeó para encarar el surtidor de YPF que estaba ubicado en la vereda. Solo el surtidor junto a la persona que lo atiende en esa plaza del barrio de Recoleta. Hasta tiene un asientito de madera y espera junto al surtidor con su guardapolvo gris y su gorra negra con visera.

Llenado el tanque reanudamos la marcha hacia nuestras ocupaciones en el centro de la ciudad. Esa que a estas horas matinales ya desborda de autos, taxis y colectivos por doquier. Un día más en la Buenos Aires de toda la vida y por donde parece que pasa todo en este bendito país.

“¡Chofer! ¡Parada!”, gritó una mujer desde la puerta de atrás. “¡Tiene que tocar antes! ¡No encima de la parada!”, le dice el chofer con un carácter de mierda. Llevando hasta la otra parada a la mujer. Y ésta la bajarse se viene caminando por la vereda hasta la puerta delantera.

“Con ese carácter te vas a quedar soltero como tu mamá”, le dice la mujer y pega media vuelta rumbo a su destino. El chofer no dice nada y arranca haciendo un gesto de que se vaya esta loca. Luego de dos cuadras grita: “¡Me dijo hijo de puta!”. El pasaje estalla en una gran carcajada. Parece que él solo no se había dado cuenta del sutil insulto de la mujer.

Cuando se fueron bajando la mayor parte de los pasajeros en el microcentro me pude sentar. Me faltaba trayecto antes de descender del colectivo. En eso subió un vendedor ambulante y comenzó a ofrecernos biromes de color azul documento. Como oferta las dos biromes venían con un anotador.

Algunos pasajeros le compraron las biromes con el anotador. Seguro que las biromes funcionarían un tiempo para luego, el comprador, darse cuenta que estaban secas de lo viejas que eran. El anotador sería el descarte de alguna imprenta. Pero el tipo se las rebuscaba para vivir. Un “busca” que le dicen.

Unas paradas antes de que me bajara subió el “chancho”. El mote que reciben los inspectores que controlan a los choferes en determinadas paradas y cuando suben, como en este caso, a picarnos los boletos. A los que tuvimos la decencia de sacarlos al subir. Otros, en el amontonamiento, viajan de colados.

Lástima que el boleto amarillo que me tocó no era capicúa, porque los colecciono. Algún día voy armar una gran carpeta con todos los boletos que tengo sacados a lo largo de mi vida. Incluso con los que me regaló mi padre del tranvía.

De ese que tengo un vago recuerdo de cuando era muy chico. De ese tiempo tengo el sonido del motor eléctrico y el característico zumbido. Muy diferente al sonido del Mercedes Benz 911 con su motor gasolero y su estruendosa bocina de aire. Claro que la municipalidad las tiene prohibidas, pero hay tantas cosas prohibidas en esta ciudad que son de uso corriente.

Al bajarme una idea surcó mi mente: el colectivo porteño es un mundo de 20 asientos. Creo que es la mejor definición para este transporte público de la ciudad de Buenos Aires en estos años que nos tocan vivir…

Mauricio Uldane

Pueden leer todos los relatos publicados en el blog de Archivo de autos en este enlace: http://archivodeautos.blogspot.com.ar/p/relatos.html


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Wednesday, May 11, 2016

Willys-Overland en Argentina

Una vieja publicidad de la revista Caras y Caretas del año 1917 nos trae el recuerdo de los automóviles Willys-Overland. Se comercializaron en Argentina en una gran variedad de modelos, según el texto del aviso publicitario.

Publicidad de la revista Caras y Careta del año 1917.


Entre los automóviles descriptos figuran los Willys-Knight que eran los que llevaron los motores sin válvulas diseñado por Charles Yale Knight. John North Willys se interesó en los motores sin válvulas para producirlos en Estados Unidos cuando visitó a Knight en Gran Bretaña en el año 1913.

De hecho fue la empresa automotriz que más automóviles con motor Knight fabricó entre los años 1914 y 1932. Se habla de una cifra cercana al medio millón de vehículos producidos por la Willys-Overland. La pregunta es: ¿algún Willys-Knight llegó a estas playas?

Es probable, pero no tengo el dato preciso. Como siempre pasa algún seguidor de Archivo de autos, puede, tener el dato de que algún Willys-Knight pisó suelo argentino. Al menos en la vieja publicidad anuncian dos automóviles con motores sin válvulas: de 4  y 8 cilindros en línea.

El representante, aunque no figura como tal en la publicidad, era P. A. Harcastle del Pasaje Overland, Plaza de Mayo, de la ciudad de Buenos Aires. La verdad no tengo idea donde quedaba esa calle. La busqué en Don Google pero no hubo caso. Me parece muy extraño el nombre del pasaje y la dirección con el agregado de Plaza de Mayo.

La vieja publicidad es una fotocopia de la revista Caras y Caretas del 24 de noviembre de 1917 tuve la posibilidad de hacer la copia de la publicidad original hace más de 35 años. Eso fue cuando era empleado administrativo de la Secretaría de Cultura de la Nación en mis años de juventud.

Lo bueno fue guardarla por tantos años para ahora, en Archivo de autos, brindarla como un documento histórico del testimonio de la venta de automóviles de la marca estadounidense Willys-Overland. Muchos años antes que naciera el mítico Jeep Willys.

Para los que se interesan en conocer más detalles del motor Knight les dejo el enlace de una nota histórica publicada en Archivo de autos en el mes de marzo de este año:

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

¿Te enteraste? Ya arrancó la colecta “Una Internet para Archivo de autos”. Sumate con tu colaboración. En este enlace enterate cómo hacerlo:


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Saturday, March 26, 2016

El autódromo de San Martín

Algunos habrán oído hablar del autódromo General San Martín ubicado a cuatro cuadras de la estación del mismo nombre del Ferrocarril Mitre. Claro que esto ocurrió a finales de la década del veinte y ni rastros quedan de esa pista. Hoy conoceremos algo de la historia de ese circuito en la provincia de Buenos Aires, para aquellos que ignoraban de su existencia.

Vista de las tribunas del autódromo General San Martín en la carrera
inaugural. En primer plano Eduardo Estanguet, segundo Domingo Bucci
y tercero Víctor Pángaro. La fotografía fue tomada de
Historia Deportiva del Automovilismo Argentino de Alfredo Parga.


El autódromo General San Martín fue la iniciativa de un grupo privado donde se encontraban un ex concejal, Rodolfo Travers, y el ingeniero J. Marchessotti. La construcción se realizó en el año 1927 y según sus proyectistas en las curvas, los automóviles, podrían alcanzar los 190 kilómetros por hora.

Lógicamente el anuncio de la construcción de este autódromo, en el partido de San Martín en la provincia de Buenos Aires, causó cierta conmoción. La pista tenía una longitud estimada en los 3.000 metros con un ancho que sería de más de 10 metros.

Para realizar la obra del autódromo General San Martín se necesitaron 460 obreros. El piso del circuito era de tierra que estaba apisonada y con una “abundante capa de petróleo” según los dichos de sus constructores. El predio fue cercado con un paredón alto. En algunas de las fotografías de época se aprecia dicho muro.

El muro perimetral del autódromo General San Martín.
En la arcada de la entrada se puede leer el nombre del circuito.
La fotografía fue tomada de Historia Deportiva del Automovilismo
Argentino de Alfredo Parga.
.

Las curvas estarían peraltadas con la posibilidad de circular, en la parte superior, a 170 kilómetros por hora. La ubicación no era mala para la época, finales de la década del veinte. Se ubicó a cuatro cuadras de la estación San Martín del actual Ferrocarril Mitre y a tan solo una cuadra del Hipódromo de San Martín.

Ambos lugares, hoy en pleno siglo XXI, cuesta ubicarlos en el mapa. Y eso que contamos con mapas satelitales a la mano en Internet. La zona es totalmente urbana y sin un vestigio de esas dos pistas: una para automóviles y la otra para caballos. Dentro de las ilustraciones hay un plano que nos ubica ambas pistas para tener una idea de dónde estaban en el año 1927.

El costo total de la obra fue estimado en 1.200.000 pesos de la época. Para los primeros días del mes de junio de 1927 las obras estaban listas y el ingeniero Máximo Tardieu estuvo a cargo de la fiscalización. Era un dirigente deportivo de la época que estaba capacitado para la tarea.

El estacionamiento de automóviles frente a las tribunas del autódromo
de San Martín. La fotografía fue tomada de Historia Deportiva del
Automovilismo Argentino de Alfredo Parga.

Su opinión, expresada en la revista del Automóvil Club Argentino (ACA) fue lapidaria. “Con su pista de tierra más que mediocre, sus perfiles defectuosos, sus pésimas curvas, el autódromo de San Martín, deficiente bajo cualquier punto de vista, resultará un proyecto fracasado”, dijo Tardieu.

Con esa opinión tan desfavorable, igualmente, se realizó su inauguración el domingo 3 de julio de 1927. Como un presagio del futuro del autódromo General San Martín, ese día llovió. Parece que hasta el cielo lloraba por esa inauguración. Pese al clima adverso muchas personas se acercaron al circuito.

En automóviles, en ómnibus o en tren llegó el público que quería presenciar la carrera inaugural. Fue en vano. Las autoridades de la pista anunciaron que no se correría y que la competencia se pasaba para el domingo siguiente. Por suerte el domingo 10 de julio el clima fue favorable para la carrera.

El frío reinante en un día luminoso fue el marco de la primera carrera del autódromo General San Martín. Los autos de carrera largaron con diez metros de distancia entre ellos. Pronto Eduardo Estanguet tomó la punta seguido por Domingo Bucci y en el tercer puesto Víctor Pángaro. Todo iba bien hasta que el Delage de Estanguet volcó.

Vista de la pista del autódromo General San Martín. La fotografía fue
tomada de Historia Deportiva del Automovilismo Argentino de Alfredo Parga.

“¡Volcó el 4!”, era el grito del público en las tribunas. Pero por suerte para Estanguet y su acompañante no pasó de un susto. Pronto, al final de la curva, y con los brazos alzados demostraron a los concurrentes que estaban sanos y salvos. Las sospechas comenzaron a rondar por el autódromo de San Martín.

Domingo Bucci se lanzó con el primer puesto en la carrera inicial y su acompañante fue Eleuterio Donzino, que era su cuñado y más tarde un famoso corredor del pasado deportivo de Argentina. También se comentó que Eduardo Estanguet había recibido su auto de carrera 48 horas antes de la competición y que terminó volcándolo en la carrera inaugural.

Encima de males Tardieu volvió con sus críticas sobre el autódromo General San Martín. “Los hechos nos dieron la razón. Por un lado, el accidente de Estanguet que felizmente no resultó grave, en uno de los puntos señalados como peligrosos. Por el otro, los bajos promedios alcanzados. Sépase que la misma Bugatti 4 cilindros desarrolló en Montlhéry (Francia), una velocidad de 160 kilómetros por hora. Aquí hizo 30 kilómetro menos”, dijo el ingeniero Máximo Tardieu.

No era bueno el futuro de este circuito y parece que el error estaba en la construcción de la pista. El tipo de suelo de tierra apisonada que tenía un recubrimiento con un agente bituminoso fue lo que provocó los constantes riesgos. Además implicó múltiples reparaciones. Al parece gran parte del dinero se usó para el muro perimetral. Si ese dinero si hubiera utilizado para la construcción adecuada de la pista otra hubiera sido la historia del autódromo de San Martín.

Plano con la ubicación, en el año 1927, del autódromo General San Martín.
El plano fue tomado de Historia Deportiva del Automovilismo
 Argentino de Alfredo Parga

Lo cierto que ese defecto en la construcción del autódromo General San Martín fue su propia tumba. En el libro “Medio siglo de automovilismo argentino” de Ricardo Lorenzo, conocido con el apodo de Borocotó, escribió lo siguiente: “Lo cierto es que al irse hundiendo las curvas, porque la tierra cedía, se fue hundiendo el autódromo”. Ese fue el fin del circuito.

Cómo hubiera sido si ese autódromo de San Martín hubiera tenido una mejor base de su pista. ¿Tal vez no hubiera existido el Autódromo Juan y Oscar Gálvez actual? No lo sé. Pero sí que el emplazamiento no era malo y hoy estaría metido en el corazón de la periferia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Lo interesante de esta historia es que hoy en día es imposible saber que estuvo emplazado un autódromo en esa zona del Gran Buenos Aires. Si bien hay grandes espacios verdes cerca. No tenemos la menor referencia de su existencia. Incluso los habitantes de las casas, ubicadas en el lugar, no creo que sepan que casi 90 años atrás se corrieron carreras donde ellos viven ahora.

Si creemos en los fantasmas, tal vez y solo tal vez, en algunos días de la semana se escuchen los rugidos de los viejos bólidos tomando las malas curvas del autódromo General San Martín. O solo es parte de mi imaginación, como los relatos que salen este mismo día, pero cada dos semanas.

Las imágenes que ilustran esta nota fueron tomadas de la Historia Deportiva del Automovilismo Argentino de Alfredo Parga editada por La Nación en el año 1995 y que saliera como fascículo acompañando al diario.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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